La asociación entre un alto índice de masa corporal (índice entre el peso de una persona en relación con su altura) ha sido intensamente estudiada, y se encuentra que un alto índice de masa corporal se asocia con una mayor frecuencia de incontinencia tanto de su inicio como de su empeoramiento.
A grandes rasgos, se diferencian tres tipos de incontinencia: la incontinencia de urgencia, de esfuerzo y las mixtas, en las que existen componentes de las dos anteriores.
Incontinencia urinaria de urgencia
La pérdida involuntaria de la orina se origina porque se produce una contracción de la musculatura de la vejiga, de manera involuntaria que lleva a la salida de la orina en momento y lugar no apropiados. La pérdida puede ser de solo algunas gotas o llevar al vaciado completo de la vejiga.
Incontinencia urinaria de esfuerzo
En este caso, la pérdida involuntaria de la orina se produce al realizar algún esfuerzo que aumente la presión intraabdominal como levantar pesos, o bien, tan leve como la risa o la tos que causan incapacidad para mantener cerrado el esfínter de la uretra, por lo que se produce la salida involuntaria de la orina al exterior.
La obesidad se considera un factor de riesgo "establecido" para la incontinencia de esfuerzo y también para la de urgencia, aunque la relación es más marcada para la primera. Además, se ha puesto de manifiesto que existe una relación directa entre el peso y el grado de incontinencia: las pérdidas de orina aumentan a medida que lo hace el peso.
Se ha comprobado, en estudios a largo plazo, que la ganancia de peso se ha asociado con el desarrollo y el agravamiento de la incontinencia.
La explicación para esta asociación está en el aumento de presión intraabdominal que se produce al acumularse grasa en el abdomen, lo que transmite una mayor presión a la vejiga. La modificación en la estática de los órganos pélvicos y especialmente de la uretra y vejiga, se asocia con la pérdida de orina al realizar esfuerzos.
La presión intraabdominal aumentada pone mayor tensión sobre los tejidos, ligamentos y los músculos del suelo de la pelvis, los cuales tienen un papel fundamental en la contención de la orina, ya que actúan como soporte de la uretra y de la vejiga y de otros órganos, como el útero y el recto, formando además parte del esfínter uretral.
Pérdida de peso e incontinencia de orina
Algunos estudios han evaluado el efecto que tendría la pérdida de peso en la incontinencia urinaria. Muchos de ellos se han centrado en pacientes con obesidades importantes (mórbidas) que precisaron cirugía bariátrica y en todos ellos se ha encontrado una mejoría en la de la incontinencia cuando las pacientes perdían peso después de la cirugía. A mayor porcentaje de pérdida de peso, mayor es la mejoría de la incontinencia.
En mujeres con obesidad no tan importante, en la que el tratamiento ha sido mediante cambios en la dieta, también se han mostrado mejorías en los episodios de incontinencia urinaria en aquellas que perdieron peso.
Se ha comprobado cómo una pérdida de peso del 5-10% tiene un efecto beneficioso en la mejora de la incontinencia de orina.
Todas estas informaciones apoyan las recomendaciones de los programas de pérdida de peso como tratamiento inicial de la incontinencia de orina, especialmente cuando esta es por esfuerzo, en mujeres con sobrepeso u obesas.
La pérdida de peso tiene múltiples beneficios para la salud. Una disminución en la incontinencia urinaria puede ser otro beneficio para la salud asociado con la reducción moderada de peso.
En resumen, existe suficiente información derivada de diversos estudios clínicos para afirmar que la incontinencia de orina puede sumarse a la larga lista de problemas asociados a la obesidad. La reducción del peso supone un beneficio para la incontinencia de orina.