En los países desarrollados se ha producido un aumento de la longevidad que no siempre se acompaña de un aumento de los años de vida vividos en buen estado de salud.
En este sentido, las molestias genitourinarias y perineales suponen una notable influencia negativa en la calidad de vida de las mujeres, más que por la importancia de sus afecciones por el grado de malestar que producen.
La piel y las mucosas sufren cambios involutivos ligados al proceso normal del envejecimiento. Estos cambios son la pérdida de elasticidad y el adelgazamiento de los epitelios y mucosas, que ocurren como consecuencia de la disminución del contenido de colágeno. Este proceso, se ve acelerado por la disminución en la producción de hormonas por los ovarios como los estrógenos, asociado con la menopausia.
Sumados el envejecimiento y la falta de estrógenos, el resultado final es la atrofia vulvovaginal, que conduce a la aparición de síntomas como sensación de sequedad vaginal, escozor, ardor, dolor con las relaciones sexuales, infecciones urinarias de repetición o incontinencia de orina que tendrán una importante influencia negativa en la calidad de vida de la mujer.
Una de las primeras manifestaciones de la falta de estrógenos son los cambios en la secreción vaginal, por lo que durante el inicio de las relaciones sexuales se reduce la cantidad producida. El mantenimiento de la falta de estrógenos conduce a la reducción en la producción de este trasudado llevando a la percepción de sequedad vaginal. Existe una relación directa de la lubricación vaginal con la producción de esteroides sexuales estimándose que una mujer en edad fértil produce entre 3-4 g/por hora en comparación con los 1,7 g/hora que produce una mujer menopáusica.
Aunque estos síntomas ocurren típicamente en la mujer menopáusica, pueden también manifestarse en mujeres de cualquier edad cuando se asocia alguna situación en la que se produce una disminución de los estrógenos, como el posparto, la lactancia o durante el tratamiento con algunos medicamentos.
En la edad reproductiva la atrofia genitourinaria afecta al 3% de las mujeres, pero en la menopausia más del 50% se quejarán de síntomas y molestias en esta área. A pesar de ello, solo una de cada cuatro mujeres consulta al médico sobre ellos por considerar que forman parte del proceso natural del envejecimiento.