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La exploración ginecológica se lleva a cabo en una postura que se denomina de litotomía, esto es, con la paciente tumbada boca arriba en una camilla que tiene un apoyo para colocar las piernas, o bien, para introducir los talones. La paciente mantiene las rodillas flexionadas y las piernas abiertas, quedando expuesta el área genital para su exploración.
La exploración ginecológica consta de varias actuaciones:
- El primer paso es la observación, es decir, la visualización directa de los genitales, iluminados con una fuente de luz que suele ser un foco accesorio. Esta observación de los genitales externos permite comprobar la normalidad de estos, o bien, la presencia de anomalías o patología en la zona de los labios, el clítoris, la uretra, el ano o el monte de Venus.
La vagina y el cuello del útero (cervix) necesitan ser visualizados para comprobar su normalidad y, para ello, se utiliza un aparato llamado espéculo, el cual, una vez introducido en la vagina, se abre, exponiendo a la vista las paredes vaginales y el cervix. Su colocación y apertura no resulta dolorosa si la mujer se encuentra aceptablemente relajada. En caso contrario, los músculos que rodean la vagina se contraerán y resultará doloroso.
- A continuación, se realiza un tacto bimanual, que consiste en la introducción en el interior de la vagina de los dedos índice y corazón, mientras que la otra mano se sitúa en la parte baja del abdomen para explorar entre ambas manos el útero y los ovarios.
Esta exploración permite conocer y el tamaño del útero, si hay patología que aumente su tamaño, como son los miomas, o bien, si existen quistes u otra patología en los ovarios que incrementen su volumen. Además, se valora la movilidad de estos órganos, o bien, la existencia de patología en la pelvis menor, derivada de la vejiga o el recto, que pudiera afectar a estas estructuras.
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