Actualmente, al desconocer la causa que origina la cistitis intersticial, no se dispone un tratamiento específico y, por tanto, no hay cura para ella.
El objetivo del tratamiento consiste, principalmente, en aliviar los síntomas.
Han sido propuestos múltiples tipos de tratamientos que han mostrado una irregular y desigual eficacia. En una revisión publicada en el año 2000, sobre los tratamientos empleados para esta entidad clínica, se recogen 183 diferentes tipos de terapias, lo que da idea de que ninguno de ellos resulta realmente eficaz.
Indicaciones dietéticas eliminando ciertas comidas, como ácidos y especias, pueden reducir la severidad de los síntomas. El tabaco, el alcohol y las bebidas excitantes pueden empeorar la sintomatología.
En 1996, la Food and Drug Administration (FDA), organismo americano que regula los fármacos en ese país, aprobó un medicamento de uso por vía oral, el pentosán polisulfato sódico, que induce una regeneración de la capa protectora, los glucosaminoglicanos de la mucosa vesical, deficiente en los pacientes portadores de cistitis intersticial. Este fármaco tiene una acción anticoagulante débil, por lo que será administrado con precaución en pacientes que presenten problemas de coagulación o riesgo aumentado de sangrado.
También se han utilizado antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina, y fármacos, como el nifedipino o el methotrexate oral, que ofrecen algunas mejorías.
Algunos autores señalan que la utilización de antibióticos puede asociarse alguna vez con una disminución de los síntomas, aunque no resulta una indicación clara de tratamiento, salvo que exista infección urinaria asociada al problema de la cistitis intersticial.
También se han empleado agentes antiinflamatorios, antiespasmódicos, antihistamínicos y relajantes musculares con los que se han obtenido, al igual que con otros tratamientos, unos resultados desiguales con efecto beneficioso en algunos pacientes, pero no en otros.
La instilación de sustancias intravesicales como la heparina ha mostrado un efecto beneficioso en algunos pacientes, y ha colaborado en la restauración de la integridad de la mucosa.
La instilación intravesical de diferentes fármacos, como el dimetilsulfoxido, sustancia con efecto antiinflamatorio, ha sido utilizada sola o como parte de cócteles mezclada con heparina, corticoides y anestésicos locales.
En los casos rebeldes al tratamiento, se ha propuesto la estimulación de los nervios con técnicas, como la neuromodulación percutánea del plexo sacro, comunicándose la mejoría en los síntomas de algunos pacientes. En los casos rebeldes a cualquier tratamiento, se ha propuesto la cirugía, reservándose para aquellos pacientes que no responden a ningún tratamiento, practicando técnicas que aumentan la capacidad vesical, o bien, haciendo técnicas quirúrgicas para la derivación de la orina.
El tratamiento único no se considera efectivo, por lo que la combinación de varias opciones terapéuticas hasta el alivio sintomático parece la conducta adecuada en estos pacientes.
Actualmente, hay diferentes líneas de investigación que estudian soluciones para este problema y, así, se plantea, como una opción terapéutica futura, la utilización de sustancias que combinen un efecto de modulación de la estimulación nerviosa sensorial de la vejiga, que proporcionen un efecto protector para la mucosa de la vejiga, asociado a un efecto antiinflamatorio.
Resulta fundamental en estos pacientes lograr un adecuado apoyo psicológico que puede jugar un importante papel en la mejora del bienestar de estos pacientes, así como el aprendizaje de técnicas de reducción de estrés y de reeducación vesical.